Trabaja a tu estilo

El mundo ha cambiado. Las empresas han cambiado. Entonces, ¿por qué sigues trabajando igual?

El trabajo de oficina tradicional

Te levantas, sigues tu protocolo mañanero, te embarcas en la jungla del tráfico o del transporte público y llegas a tu hora a la oficina. Saludos más o menos corteses a los compañeros, las típicas conversaciones intrascendentes y cada uno a lo suyo. De vez en cuando reunión donde el jefe suelta su speech y lanza alguna pregunta tipo examen. Comida, alguna pausa café, y a tu hora un poco pasada (que si no queda mal), de vuelta a casa.

Una rutina que se repite todos los días. Te dedicas a despachar los asuntos del día y tus compañeros hacen lo mismo. Solo preguntas a alguien cuando es absolutamente imprescindible. En realidad, evitas al máximo tener que preguntar, porque lo más probable es que caiga en saco roto o simplemente que no te resuelvan nada.

Trabajas siempre en tu mesa. A veces tienes la sensación de que estás atado a ella con la típica bola de presidiario. Una bola imaginaria, pero existente a fin de cuentas. Porque levantarse mucho está mal visto: da la impresión de que te está escaqueando. La silla no ayuda. Es un modelo cutre y barato que te obliga a cambiar de postura cada dos por tres. A veces vas al servicio solo por levantarte y estirar las piernas.

Las reuniones son tediosas, pero desde un punto de vista son una especie de bendición, porque te alejan de la rutina. Todos cambiamos de cara, salimos de nuestro sitio, nos movemos, adoptamos una pose de estar haciendo algo importante. En realidad, sirven para bien poco. El jefe las utiliza para aleccionarnos y reiterar cosas que ya sabemos. Solo se aceptan preguntas complacientes, y pocas. Parecen sacadas de un curso de motivación de los que regalan con la prensa dominical.

Y así, un día tras otro se repite rodando como una noria.

Tu nuevo estilo de trabajo

En la media hora que tardas en ir y venir del trabajo fantaseas sobre cómo sería la oficina si tú fueras el jefe.

Lo primero que te cargarías sería el horario y la necesidad misma de ir a la oficina por obligación. Hoy en día hay herramientas de teletrabajo que nos permiten hacer muchas cosas desde casa. Si un día no te viene bien ir a la oficina, pero puedes hacer lo mismo desde casa, ¿para qué ir? Habría que trabajar por objetivos, eso sí. Cada uno ha de sacar su carga de trabajo, pero da igual dónde lo haga o en qué horario. El teletrabajo no puede ser una excusa para escaquearse.

Hay muchas cosas que las podríamos hacer mejor en equipo, pero la oficina no está preparada. Deberíamos tener mesas tipo banco corrido donde compartir documentos y trabajar mirando la misma pantalla con facilidad. Realmente así ganaríamos todos mucho tiempo.

Y algo fundamental: una zona con sillones o algo así donde podamos discutir ideas y mejoras. Muchas veces se nos ocurren cosas y nos las contamos en la máquina de café, pero ahí se quedan. A veces he escuchado ideas realmente buenas que nos harían ahorrar tiempo y costes, pero no hay absolutamente ningún sitio por donde se puedan canalizar. Con una sala adecuada, tipo relax, donde discutirlas y madurarlas, la empresa ganaría muchísimo.

Quiero trabajar con estilo

Quieres una oficina con estilo. Con tu estilo. Allí pasas la mayor parte de tu tiempo despierto y no quieres estar en un sitio desagradable. Quieres estar a gusto. No se trata de gastarse un dineral ni de hacer una oficina “de diseño” para salir en la foto. Quieres un sitio cómodo, agradable, y que te permita trabajar mejor.

Porque en el fondo te gusta tu trabajo. Lo que no te gusta es cómo trabajas. Y te gustaría poder compartir cosas con tus compañeros y hacer con ellos cosas importantes en tu empresa. Pero para ello la oficina ha de cambiar. Si todo ha cambiado, ¿por qué tu oficina no ha cambiado?