Cómo Laura disparó la productividad en su oficina. Sentándose mejor

Laura observaba con atención el día a día de su organización, dedicada a fabricar mecanismos robóticos para personas con dificultades motóricas. Meses atrás, tras reestructurar el espacio con la ayuda de Alabama Workstyle, había logrado desbloquear la chispa creativa en la compañía. Las ideas surgían con facilidad y el ambiente era inmejorable.

Ahora quería ir más allá y cavilaba sobre cómo incrementar la productividad en un entorno ya muy tecnificado con la sensación de haberlo hecho ya todo lo posible. Así que no lo dudó y volvió a contactar con ellos.

El freno silencioso: la higiene postural

Al analizar la operativa en las jornadas de trabajo continuo y tareas de alta concentración, descubrieron un freno silencioso que afectaba al rendimiento global: la fatiga postural acumulada, que generaba un desgaste físico derivando en pequeñas distracciones, pausas involuntarias, continuas idas y venidas al servicio o la cafetera, que en el fondo no eran más que una forma de estirar la piernas, y una pérdida constante de energía.

Para paliar esto los técnicos de Alabama Workstyle analizaron cada puesto de trabajo y propusieron diferentes modelos de sillas de altas prestaciones, en función de sus características individuales y la tarea desarrollada. Estas sillas actúan como auténticas herramientas de eficiencia postural, ya que no se limitan a sostener el cuerpo, sino que se adaptan con precisión a la anatomía de cada usuario.

Al eliminar el malestar físico, el cerebro deja de procesar las micro interrupciones causadas por la incomodidad, lo que permite a los trabajadores de alto rendimiento mantener estados de concentración profunda durante periodos más prolongados y terminar la jornada sin cansancio acumulado.

De esta forma, una vez cambiada toda la sillería de la oficina, Laura constató incrementos de productividad tangibles del orden del 15% al 20% dependiendo del trabajador. Los proyectos fluían con mucha mayor rapidez y con el mismo personal podía absorber mayores cargas de trabajo.

Sentarse mejor para sentirse mejor

Lo mejor de todo es que este incremento de productividad y de cargas de trabajo no se hacía a costa de un mayor esfuerzo de los trabajadores, sino al contrario. Pese a realizar un mayor número de tareas en el mismo tiempo, acaban la jornada más descansados, contentos y relajados. ¡Algunos incluso parecía que no querían levantarse!

¿Quieres aumentar la productividad de una forma sencilla como hizo Laura? Contacta con nuestro equipo y siéntate mejor, siéntete mejor.